The Newland School se define como una institución educacional católica donde se pretende crear un espacio que facilite a sus alumnos su pleno desarrollo como persona, como también adquirir, a través de la educación que se les imparte, las capacidades necesarias para obtener una síntesis de fe, cultura y vida.
La educación, desde la perspectiva católica, asume carácter formativo y personalizador; el Colegio como comunidad educativa se transforma en una instancia pastoral para todos sus integrantes que nace de nuestra condición de bautizados.
Esta característica involucra a toda la comunidad en un proyecto de vida iluminado por las enseñanzas de Cristo, vividas desde la perspectiva de San Francisco. El valor más promovido por San Francisco fue el vivir en fraternidad.
La fraternidad es una comunidad (común –unidad) de “hermanos espirituales” donde sus miembros mantienen relaciones recíprocas en el amor y cuyo principal objetivo es el encuentro y la mutua aceptación de los otros tal como son, abrirse generosamente a los demás buscando su valor interior como criaturas de Dios redimidas por Cristo. La fraternidad franciscana exige vivir una filiación fundamental entre hombres por ser todos hermanos hijos de un Padre común que es Dios (“Todos ustedes son hermanos”-Mateo 23,8).
Esta fraternidad, desde la perspectiva de Francisco de Asís, debe mostrarse con obras, traducirse en realidades concretas de la vida de cada día, especialmente con los que están en necesidad y con los enfermos. De no ser así, la esencia del espíritu franciscano se reduciría a meras palabras y sentimentalismos. Así, de la fraternidad franciscana vivida verdaderamente, brotan la alegría, la sencillez, la cortesía, la solidaridad, la amistad y la pobreza.
Este espíritu franciscano nos abre a la dimensión fraterna de la vida, como hijos de un mismo Padre y portadores de una misma vocación. De este modo, nuestra acción educativa busca abrirnos al servicio gozoso y eficaz de la humanidad toda. Así, se busca hacer vida el mandato de Jesús de ser “sal de la tierra y luz del mundo”. Es así que toda la estructura, tanto humana como material, que podamos poseer como Colegio o comunidad, no nos aleja de nuestra dependencia de Dios, sino que, por el contrario, nos hace estar atentos para dimensionarnos en nuestra correcta calidad de medio y no de fin. De este modo, la acción educativa del Colegio privilegia en su quehacer el ser por sobre el tener.
Todo lo anterior determina que la educación debe ser personalizadora y debe buscar la superación constante del ser humano y obtener como resultado el que educando exprese y sienta la felicidad.
La felicidad es un estado en el cual el ser humano está contento con lo que es y con lo que tiene al asumir su propia realidad con sus aptitudes, logros, limitaciones, carencias y, a la vez, se siente útil y con una marcada actitud de superación personal para servir mejor a sus semejantes.
Lo anterior compromete a la comunidad educativa del Colegio, cuya meta fundamental será fomentar en la persona del alumno la conciencia de sus posibilidades y limitaciones que ha de facilitar el cultivo de su intimidad, de su trabajo independiente y de su capacidad creativa, elementos formativos indispensables para conocerse a sí mismo, aceptándose como se es y lograr ser feliz.
Al optar por dicha intención educativa el currículum del Colegio no se agota por el simple cumplimiento de un plan o programa de estudios, sino que todo lo que el Colegio planifica u organiza para sus alumnos tiene como objetivo fundamental alcanzar su pleno desarrollo como persona.